Un café, con canela, hielo y sin azúcar; una tarde con nubes fundidas al ruiseñor, un ambiente fresco, monótono, pero atractivo; una galleta integral con gelatina de cereza, una melodía simple, con un toque viejo, junto a un sonido jazz contemporáneo, el sonido repetitivo de los timbales, una voz femenina, la mezcla perfecta para el momento, la sensación de lo intelectual, con la sensación del rato apetecido...
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