El placer tan exquisito, de estar una tarde opaca y nublada, con un fundido cielo a punto de llover, de escuchar la música que esta repleta de magia, de respirar y recibir la calma porque estoy de tu mano, frente a la hipnosis de tus pupilas, a merced por la debilidad que me causan tus labios y en la tranquilidad de tus brazos.
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